El estrés en la primera infancia puede predisponer a problemas digestivos crónicos al alterar la conexión entre el intestino y el cerebro. Estudios tanto en ratones como en miles de niños encontraron vínculos con síntomas como dolor abdominal, estreñimiento y síndrome del intestino irritable. Los científicos descubrieron que diferentes vías biológicas controlan distintos problemas intestinales, lo que sugiere tratamientos más personalizados en el futuro. La investigación destaca cómo el entorno temprano de un niño puede tener efectos físicos duraderos, no solo emocionales.